Tanto los esbozos del viaje de Gibson por Egipto en 1897-1898 como el texto que los acompaña reflejan, con luminosa nitidez, en una mezcla espléndida de veracidad y comicidad, el ambiente de época de un punto de encuentro y a la vez de conflicto entre diferentes culturas. Gibson, como norteamericano, no puede resistirse a la tentación de reírse de la colonización inglesa en Egipto; pero la ve como un simple incidente enanizado hasta la ridiculez por el clima de intemporalidad del desierto, el Nilo y las grandes ruinas, por panoramas imponentes, que alientan incluso en un gentelmen yanqui de la 'Belle Epoque', anhelos de grandes aventuras.
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