Las fracturas maxilofaciales suelen ser consecuencia de traumatismos contusos, como accidentes de tráfico, agresiones, lesiones deportivas y caídas, siendo menos frecuentes las lesiones penetrantes. Entre ellas, las fracturas naso-orbito-etmoidales (NOE) son especialmente complejas debido a que afectan a los huesos frontal, nasal, lacrimal, maxilar y etmoidal. Estas fracturas comprometen el tendón cantal medial (MCT), lo que provoca deformidades funcionales y estéticas como telecanthus, enoftalmos, deformidad nasal y fugas de LCR. Markowitz y Manson clasificaron las fracturas NOE en tres tipos, dependiendo de la afectación del MCT. El diagnóstico es difícil debido al edema y a la lesión de los tejidos blandos; por lo tanto, la TC de corte fino con reconstrucción 3D sigue siendo el método de referencia. Los signos clínicos incluyen hinchazón, diplopía, rinorrea de LCR y alteración de la distancia intercanthal. Los objetivos quirúrgicos principales son restaurar la inserción del MCT, proteger el contenido orbitario e intracraneal y reconstruir la simetría facial. La mayoría de las fracturas desplazadas requieren una reducción abierta y una fijación interna, a menudo mediante un abordaje coronal, con una reducción cuidadosa desde las estructuras craneales estables hasta las estructuras faciales centrales.
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