Chuparse el dedo es un hábito común en bebés y niños pequeños, que a menudo se inicia en el útero y proporciona consuelo o autocalma. Aunque suele ser inofensivo en la primera infancia, chuparse el dedo de forma prolongada más allá de los 4 ó 5 años puede causar problemas dentales, como dientes desalineados o cambios en el paladar. Psicológicamente, puede ser señal de ansiedad o estrés en niños mayores. Se recomienda a los padres que, si el hábito persiste, lo desaconsejen con suavidad, utilizando refuerzos positivos o acudiendo a un profesional si es necesario. En la mayoría de los casos, los niños dejan de chuparse el dedo solos en la adolescencia.
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