La interacción entre murciélagos y polillas es una carrera armamentística coevolutiva. Las primeras adaptaciones en esta carrera armamentística son la ecolocalización laríngea en los murciélagos y las orejas timpánicas en las polillas. Los murciélagos se basan principalmente en su oído altamente desarrollado, utilizando la ecolocalización (sonar) para evitar colisiones y capturar insectos en vuelo. El murciélago emite sonidos agudos (de hasta 100.000 hercios) que resuenan en los objetos que encuentra; el eco proporciona al murciélago información sobre el tamaño, la forma y la distancia del objeto. Permite a los murciélagos encontrar presas tan pequeñas como 0,05-0,2 mm en completa oscuridad e incluso determinar el tipo de presa a partir del eco de su propia llamada reflejado en la presa. En respuesta al ataque de los murciélagos, la polilla ha desarrollado una serie de defensas tanto auditivas como no auditivas. Las adaptaciones no auditivas de los insectos, que incluyen rasgos anti-murciélago como el tamaño corporal, la cripsis morfológica o acústica y la interferencia con la señal de ecolocalización por parte de algunos apéndices corporales y escamas en las polillas, la detección del viento causada por el batir de alas de los murciélagos y una mayor capacidad de detección a través de ojos grandes. Una defensa secundaria única en las polillas es el uso de chasquidos ultrasónicos para afectar directamente al éxito de forrajeo del murciélago.
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