"La Acrópolis de los Pantanos", primera entrega de la serie, representa el paraíso fundacional de la saga de los Colliure, cimentado en la mítica Sajará, ciudad palustre con relentes de agua dulce y nutricia, con aromas densos de arroz maduro en verano y de azahar en abril. Las obras públicas, la hidráulica sobre el terreno y la ley de riegos permanecen tal y como los árabes las dejaron. La economía capitalista, en estado balbuciente, da sus primeros pasos desbrozando y rompiendo los terrones de un universo rotundamente agrícola, neolítico. Las calles huelen a heno, a grano, a café tostado y a puchero. Las calles resuenan con los cascos de la caballería. El Regidor especula en Bolsa, crea el negocio de los toros, lleva una procura; compra tierras, toma café, fuma puros y hace negocios en los casinos. Sajará no le basta y viaja regularmente a la capital. El drama familiar acecha, sin embargo. La obra se segmenta en tres etapas que pueden ser definidas como falta, expiación e intento de restitución. La historia de esta casa queda enmarcada en la Historia con mayúsculas y tan imbricada con ella que muchos aspectos de la primera son consecuencia directa de la segunda, no sólo de sus acontecimientos, sino también del tegumento y el tinte que ésta imprime en el tejido social. La rueda de las generaciones empieza a girar. Sajará es un territorio mítico enclavado en algún lugar de la conciencia hispánica. Sus alrededores son brumosos, pantanosos. El mar está cerca. La Albufera también. La ciencia geográfica nos lo presenta de manera difusa, como diluido en los vapores de una leve intoxicación etílica. El viajero a menudo se pierde en la niebla, para aparecer en el punto de partida, después de una larga caminata, o increíblemente lejos. Y lo que ha dicho, soñado o gritado, tiene repercusiones en otros puntos de la región. Hay lugares que nadie ha hollado, porque constituyen el universo de una única persona, aunque estén poblados por multitudes, pero todo aguarda la llegada de aquél para quien han sido dispuestos desde el principio de los tiempos. El hilo de su historia a veces se teje con el entramado de la de un país que todos conocemos, pero otras desciende hasta las oscuras y rezumantes criptas pertenecientes al numen, al recinto cerrado de lo fabuloso, donde se contemplan rostros uliginosos. En este ámbito se desarrolla la saga de los Colliure, porque se trata también de la historia de una sangre.
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