El suelo es una parte vital del medio ambiente natural. Es tan importante como las plantas, los animales, las rocas, los accidentes geográficos, los lagos y los ríos. Influye en la distribución de las especies vegetales y proporciona un hábitat para una amplia gama de organismos. Controla el flujo de agua y sustancias químicas entre la atmósfera y la tierra, y actúa como fuente y almacén de gases (como el oxígeno y el dióxido de carbono) en la atmósfera. Los suelos no solo reflejan los procesos naturales, sino que también registran las actividades humanas tanto en el presente como en el pasado. Por lo tanto, forman parte de nuestro patrimonio cultural. La modificación de los suelos para la agricultura y el enterramiento de restos arqueológicos son buenos ejemplos de ello. El suelo, junto con la vida vegetal y animal que sustenta, la roca sobre la que se desarrolla, su posición en el paisaje y el clima al que está sometido, forma un sistema natural increíblemente complejo, más poderoso y complejo que cualquier máquina creada por el hombre. El suelo puede parecer inmóvil y sin vida, pero esta impresión no podría estar más lejos de la realidad. Está en constante cambio y evolución a lo largo del tiempo. El suelo responde constantemente a los cambios en los factores ambientales, junto con las influencias del hombre y la tierra.
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