Lo conocí fortuitamente un viernes de agosto de 1993 fuera de la secundaria Oaklawn Middle School y todo por no fijarme al cruzar la calle. Su lujoso coche conducido por uno de sus sirvientes casi me embiste. Como olvidar esa escena, del auto bajaron dos hombres muy bien vestidos y luego el hombrecillo vestido elegantemente bajó después; muy guapo tengo que reconocer. Se acercaron los dos hombres adultos primero y me preguntaron si estaba bien, yo obviamente estaba en el suelo y asustada de casi morir ahí, pero me levanté rápido por el embrollo de las miradas de mis compañeros de primero de secundaria, y recuerdo que dije: "que estaba bien, que había sido mi culpa".
Antes de irme, el chico bonito preguntó con una voz típica de los millonarios, algo soberbio, pero con un toque de honestidad: "si gustas puedes venir a la mansión, la que está en lo alto del bosque". No recuerdo exactamente qué le respondí, pero por zafarme de su mirada que me hacía ponerme nerviosa, creo que le dije "que sí" y acto seguido me dijo que me llevarían a mi casa ese día, lo cual accedí. El resto es historia.
Lo poco de esos dos veranos que convivimos como amigos, tengo que confesar que me enamoré de James Marshall, era tan hermoso, tenía algo irresistible que me provocaba mariposas en mi estómago. Pero, nunca le confesé mi amor, no sé, siempre tuve miedo a que me dijera fea o simplemente me rechazara. Él tenía casi 14 y yo casi 11, pero yo parecía de 8. Siempre bromeábamos, pero en el fondo me daban celos cuando él me solía hablar de las chicas de su colegio en New York que le gustaban. Yo que podía aspirar; crecer en Houma y casarme, lo típico de la mayoría de las chicas. No tenía mucho que ofrecer, además no era tan bonita para decirle "¿quieres ser mi novio?", pero siempre él fue lindo conmigo y mi único amigo que tuve.
James siempre me trató como su amiga pequeña algo que honestamente odiaba, yo quería que sintiera lo mismo que yo; amor. Aquel verano de 1994 fue el último que le vi, su bisabuelo murió y jamás regresó de nuevo, eso me dolió en el alma, y de ahí siempre pensé que nunca tomó en serio nuestra amistad. Él para mis 16 ya debería haber sido mayor de edad y podría haber venido a buscarme: pero nunca lo hizo. Para mis 18 me estaba mudando a New York
Basada en una historia real, y con un final inesperado.
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