¿Sabía que, químicamente, un cerebro enamorado es lo más parecido a un cerebro adicto? Descubra qué hay detrás de un sentimiento tan intenso como el amor. Cuando Cupido ha estampado su flechazo bioquímico en los corazones de los futuros amantes, un preparado de neurotransmisores ingresa en el torrente sanguíneo. Desde esos primeros momentos, la confluencia de factores emocionales, cognitivos, socioculturales, inmunitarios, endocrinos y nerviosos fundamenta el acto de la conquista. Pero, ¿para qué nos enamoramos?, ¿qué fuerza interior nos impulsa a mirar a una persona y no a otra? Ese instante marca el inicio de la conquista amorosa, donde la seducción es la herramienta principal. No existen fórmulas precisas ni cálculos que determinen por qué dos personas se sienten irresistiblemente atraídas. El deseo, la idealización y la pasión surgen sin previo aviso. Este juego no es ingenuo: la idealización actúa como un filtro que resalta virtudes y minimiza defectos. Pero este hechizo no es eterno. Con el tiempo, la realidad se impone, revelando la verdadera esencia de cada uno. Surge así una pregunta: ¿por qué necesitamos idealizar en la fase inicial del amor?
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